• Adolfo Franco Escamilla Carranza

La Verdadera 'Maldición' de ser un País Landlocked

Updated: Aug 21

La relación bilateral Nepal-India como caso de estudio


En su artículo The Curse of Being Landlocked: Institutions Rather than Trade (2015), Fabrizio Carmignani hace un descubrimiento intelectualmente desafiante: No existe evidencia estadística que respalde la existencia de una correlación sistemática entre el landlockedness de un país y su flujo de comercio internacional como porcentaje de su PIB (p. 1594). Por otra parte, sostiene, el fenómeno del landlockedness sí tiene un efecto significativo directo sobre el PIB, pero este efecto se transmite mayormente a través del desempeño (calidad) de las instituciones del país landlocked y no a través del monto de bienes y servicios que comercia. La implicación directa de este resultado es que los países landlocked requieren algo más que un buen flujo de comercio internacional para desarrollarse, siendo ese algo un marco institucional sólido. El énfasis de Carmignani en el rol de las instituciones como catalizadoras del desarrollo económico y, a su vez, en el estatus landlocked de un país como condicionante de la calidad institucional, a pesar de gozar de fundamento estadístico, pasa por alto dos realidades que se constatan más bien a nivel empírico. Primeramente, al medir la calidad institucional como la cantidad de dinero intensivo en contratos [1] (contract-intensive money) que manejan las instituciones, el autor desestima el enorme impacto que otras variables internacionales tienen en el desempeño institucional de países landlocked. En segundo lugar, el hecho de que, estadísticamente hablando, el comercio internacional como variable independiente tenga poco impacto como transmisor del efecto landlockedness al PIB no quiere decir que carezca de impacto en lo absoluto en el desarrollo de sus economías. A decir verdad, el comercio internacional ha probado ser, en no pocos casos históricos, un transmisor tanto de cambios cuantitativos en el PIB de países landlocked como de cambios radicales en sus instituciones. Buena parte de la subestimación estadística del comercio internacional como transmisor en el estudio de Carmignani se explica por el acercamiento inherentemente economicista del autor al mismo. Al emprender un estudio de N casos de naturaleza cuantitativa, Carmignani no consideró ciertas variables cualitativas ligadas al comercio internacional que surgen como consecuencia del landlockedness y que interactúan fuertemente con dicho comercio, potenciándolo, para convertirlo en un mecanismo significativo de transmisión de los efectos de landlockedness a la economía. Partiendo de estas observaciones preliminares, el presente ensayo avanzará, como primer punto, la idea de que hay variables geopolíticas exógenas a las instituciones con gran injerencia en su buen o mal desempeño. A pesar de que Carmignani reconoce como determinante de la calidad institucional variables no únicamente limitadas al landlockedness, como la dotación de hidrocarburos del país en cuestión, el patrón histórico de colonización que atravesó, y su grado de diversificación cultural, su conjunto de variables es insuficiente al momento de hacer sentido de la naturaleza y calidad actuales de las instituciones domésticas de un país landlocked. Una variable geopolítica de gran preponderancia para explicar la calidad actual de las instituciones es el estado de las relaciones internacionales entre los estados landlocked y sus vecinos circundantes. Al respecto, probaré como segundo punto que, en último término, el estado de tales relaciones tiene el potencial incluso de sobrepasar a las instituciones mismas como mediadoras y fungir como transmisor del efecto landlockedness al PIB. El medio a través del cual esto sucede es el comercio internacional. Las consecuencias de una buena o mala relación política bilateral o multilateral pueden hacerse sentir a través de una política comercial favorable o punitiva hacia el país landlocked, fuertemente dependiente del favor de sus vecinos para asegurar un flujo comercial ininterrumpido. Y he ahí la verdadera ‘maldición’ de no tener acceso al mar. Este factor geopolítico es tanto más relevante para explicar la actualidad y el futuro del desempeño de las instituciones domésticas landlocked en la medida en que, con el paso de las décadas y los siglos, factores de relevancia histórica como el patrón inicial de la colonización o el rol de la dotación inicial de recursos van perdiendo fuerza ante el ímpetu de nuevas relaciones económicas y formas de pensar el desarrollo económico en general. Una de estas nuevas formas de relacionarse económicamente la constituye precisamente el libre comercio internacional. Este fenómeno, comúnmente estudiado desde el ángulo de la economía, supone también, sobre todo para países landlocked, lo que Deepjyoti Chand (2018) de la Universidad de Varsovia denomina una “herramienta geopolítica”, pues “conforme crece la interdependencia, los asuntos económicos son cada vez más políticos en su naturaleza e impacto, y los asuntos políticos son cada vez más económicos” (p. 50). Chand aplica el enfoque de la economía política a su estudio de caso de la relación bilateral Nepal-India. Este caso se antoja como uno de los más contundentes para probar cómo un fenómeno en principio económico como el comercio internacional puede tener un impacto político a nivel institucional y ultimadamente económico en el desarrollo de los países landlocked. Nepal es un país encerrado entre India y China, cuyo flujo comercial depende en dos terceras partes de su tránsito a través de aquélla. A lo largo de su historia bilateral, ambos países han consumado distintos acuerdos para el buen desenvolvimiento de sus relaciones, como el Tratado de Amistad, Comercio y Negocios de 1950, el Tratado de Comercio Exterior de 1971 y, más recientemente, el Tratado de Comercio de Energía (2014). Sin embargo, el estatus de la India como principal socio comercial de Nepal data, al menos, de tiempos premedievales. India, con un mercado de consumo doméstico gigante, depende poco en términos relativos del comercio internacional para asegurar su crecimiento económico. Nepal, por otra parte, con poco menos de 30 millones de habitantes, depende enormemente del comercio para (sobre)compensar su relativamente pequeño mercado doméstico. A pesar de que la relación histórica entre estas naciones ha sido la mayor parte del tiempo amigable, fricciones en la arena política no han estado ausentes a lo largo de su trayectoria bilateral. En específico, Nepal ha padecido tres embargos comerciales en tiempos modernos impuestos unilateralmente por la India. El primero de ellos, de 1969, tuvo su origen en la propuesta de revisión por parte de Nepal del acuerdo de seguridad mutua con su vecino indio, petición surgida a raíz de la inconformidad nepalesa con el hecho de que la India no lo consultara al momento del conflicto sino-indio de 1962 ni cuando la guerra indo-pakistaní de 1965. Para el primer ministro nepalés Kriti Nidhi Bista, los términos del Tratado de Paz y Amistad de 1950 habían quedado en el desuso como consecuencia de ello, y por tanto mandó remover unilateralmente los puestos de vigilancia y grupos de contacto indios de su frontera norte. La respuesta india fue la imposición de un embargo comercial simbólico efectivo por 24 horas como demostración de su inconformidad, periodo tras del cual retiró pacíficamente tanto el embargo como sus tropas del territorio nepalés, pero logrando con tal acto de fuerza evitar que el Tratado de Paz y Amistad fuera revisado, como Nepal quería. El segundo embargo indio a Nepal ocurrió en 1989 y tuvo una duración de 15 meses. En 1975, la India tomó por la fuerza el control del Reino de Sikkim, el cual fue anexado ese mismo año como el vigésimo segundo estado de la India. Acto seguido ocurrieron una serie de acciones de represalia ejecutadas por ambas partes en lo que fue una escalada de tensiones que culminó en una crisis diplomática y finalmente comercial, cuando India impuso un embargo que contrajo la tasa de crecimiento del PIB nepalés de 9.7% en 1988 a 1.5% en 1989. Sin embargo, el estrago económico no fue la consecuencia más sustancial del bloqueo comercial. El rey nepalés Birenda, a causa del notable deterioro socioeconómico de su país, fue forzado a instituir una democracia parlamentaria y a finalizar el sistema autoritario Panchayat. Este nuevo gobierno lograría la negociación que pondría fin al bloqueo a mediados de 1990. Pero la India no frenó ahí. Bajo su presión directa, el nuevo primer ministro electo fue Krishna Prasad Bhattarai, quien favoreció enormemente a la India a través de diversas políticas comerciales, algunas en detrimento de su otro importante socio comercial, China. El último bloqueo comercial se dio poco después de los terremotos que sacudieron a Nepal entre abril y mayo de 2015. Días antes de la promulgación de la nueva constitución nepalesa, el secretario de exteriores indio visitó Nepal para solicitar el aplazamiento de la promulgación, alegando que los partidos políticos apoyados por los Madhesis (entre los que hay grupos de ascendencia india y de religión hindú) no estaban siendo tomados en consideración en el proceso constitutivo. Nepal ignoró la petición india y promulgó la constitución, lo cual condujo a un bloqueo de facto (i.e., no reconocido por la India) principalmente de alimentos, combustibles y medicamentos, paralizando la economía nepalesa durante casi cinco meses. La desaprobación de la población india a las medidas de su propio gobierno, así como el miedo de acercar a Nepal demasiado a los brazos de China, motivaron el cese del bloqueo.

Varias lecciones pueden extraerse de estos tres ejemplos. En primer lugar, el embargo de 1969, a pesar de no haber representado en sí una seria amenaza a la economía e instituciones nepalesas, sí afectó la legitimidad de éstas y evidenció su inescapable vulnerabilidad ante el gigante político indio. Aun si las instituciones económicas y políticas nepalesas se basaran en una alta funcionalidad y eficacia, su poder relativo ante la India no dejaría de ser sobrecogedoramente inferior. El segundo caso es más contundente en cuanto a su moraleja. Aquí se puede atestiguar de lleno cómo la variable del comercio bilateral, nexo económico de la conexión política entre ambos países, se consolidó como el transmisor principal del impacto del landlockedness en el PIB nepalés, independientemente del desempeño institucional económico o político. Además, la sola disrupción del comercio bilateral bastó para provocar un cambio tanto de régimen como de representantes políticos. El tercer caso refuerza la tesis del segundo. El Partido Comunista de Nepal, en aquél entonces en el poder, se vio forzado a iniciar negociaciones con los partidos políticos de los Madhesis en un intento por satisfacer a la India y así frenar el desgaste económico provocado por el bloqueo comercial. La exposición de estos casos de ninguna manera busca enhestar al comercio internacional como única variable relevante para explicar la transmisión del efecto landlockedness al PIB. Las variables extra que Carmignani toma en consideración para su estudio (la dotación de hidrocarburos, el patrón de colonización y la diversidad cultural), así como la variable de la calidad institucional en general, han tenido un papel importante en el desarrollo de distintas economías landlocked a lo largo de la historia. Una mirada rápida a otros países landlocked permite verificar su validez explicativa. A colación viene otra economía asiática. Mongolia, situada entre Rusia y China, desde 1997 ha experimentado un crecimiento significativo en su PIB, en gran parte detonado por reformas económicas (calidad institucional) que atrajeron inversión extranjera directa a su rico sector minero (dotación inicial de recursos) (Sharma & Davaakhuu, 2015, p. 1350). Aquí, el modelo económico-político de Chand que yo defiendo tiene poco poder explicativo, y probablemente el modelo regresivo de Carmignani —o incluso un modelo clásico de comercio internacional como el Heckscher-Ohlin— podrían emprender la labor explicativa sin mayores complicaciones teoréticas. No obstante, se espera que con este ensayo se dote a la economía política, y en especial a la geopolítica, de un mayor peso al momento de explicar el desempeño particular de economías landlocked alrededor del mundo, so pena de caer en generalizaciones que erróneamente claman cuantificar fenómenos de naturaleza inherentemente cualitativa.

Referencias


Chand, D. (2018). Trade Embargo as a Geopolitical Tool: A Case of Nepal-India Trade Relations. Polish Political Science Review, 6(1), 50–67. https://search.ebscohost.com/login.aspx?direct=true&db=eoah&AN=47701871&site=ehost-live


Sharma, K., & Davaakhuu, O. (2015). Trade Policymaking in a Resource-rich Landlocked Country: The WTO Review of Mongolia. World Economy, 38(9), 1350–1367. https://doi.org/10.1111/twec.12271


Carmignani, F. (2015). The Curse of Being Landlocked: Institutions Rather than Trade. World Economy, 38(10), 1594–1617. https://doi.org/10.1111/twec.12248


[1] Carmignani (2015) define al dinero intensivo en contratos como “la razón entre dinero no fiduciario y la oferta monetaria total [de un país], y valores más altos denotan mejores instituciones.” La idea detrás es que “en sociedades donde los contratos no son hechos valer efectivamente…, las transacciones se llevan a cabo principalmente en efectivo” (p. 1600).


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