• Adolfo Franco Escamilla Carranza

Las Noches Blancas

Lamento enormemente. Lamento tantas cosas que ya no puedo reparar.


Todo luce tan lejano. Enmendar mi vida me dejó con apenas algo más que la sensación impasible de una sanidad que se vuelve sequía. La sanidad es árida. Soy el hombre seco, el hombre sano que siempre soñé. Ahora sé que en la sanidad habita un gran silencio; el vendaval casi inaudito que desplaza los granos de arena.

Es casi aterrador. Por Dios, es casi aterrador.


¿Escuchas tus lágrimas al recorrer tu piel cuarteada? A veces, yo todavía escucho la flor en el desierto.


Mas casi siempre soy yo el que leve se susurra. Siento que ya casi no puedo escucharme; poco es lo que suena en mí; apenas reverberaciones de lo que me hubiera gustado no decir y que dije. (¿Será este escrito una de ellas ...?)

Tan sólo la resonancia, el eco de un lamento sutil atrapado en la bóveda de la aguja más alta del templo más pío; el amplio pecho vacío de cuyo seno el ego desapareció. Desde el minarete llama el santo a rezar, pero desde ningún lado se otean los feligreses. El silencio es una religión de escasos seguidores.


Ahora me manifiesto en la más expresiva pantomima que, muda, rebota en las paredes de mi mente.


Cuando remueves el contenido de la forma, queda una carcasa. Cuando las torres se vacían y los navíos agotados en las costas detienen el asedio, prevalecen los fuertes enclavados en bahías que hasta los siglos abandonan.


Yo te amaba. ¿Me amabas? En algún punto sé que sí. Es el único recuerdo que me queda. Una memoria eidética y prístina que se congela en el momento más lúcido por toda la eternidad.

Mi eternidad es ese momento.


Sé que ya no importa nada de lo que aquí escriba. Escribo la crónica de una vida que fenece como el desierto marchita la flor con cada dolorosa caricia. Escribo la historia grisácea de una redención desapercibida. Uno cree que se acostumbra al silencio. Tal vez se acostumbre uno demasiado. Jamás pensé que la punta de la montaña fuera a ser tan fría. No pensé que elevarme me alejaría tanto de todo y de todos; que me llevaría por las brechas empinadas, ralamente transitadas, que desembocan en picos nevados. Reposo en la cima y sólo es eso: una piedra fría. Una helada tempestad.


Sólo me narro palabras a mí mismo. Las palabras exactas, las palabras precisas; las palabras que jamás leerás. Palabras que nadie leerá y no morirán porque ya nacieron muertas. Nacieron demasiado tarde. Años tras pútridos años tarde. El cambio siempre tardío que me redefine. El cambio que se escribe en libros de hojas en blanco sin otro motivo que salvarme de mi propio dolor autoinfligido; de mi más sincera autoagresión.


Donde sea que te encuentres, un hombre sano y abúlico; serena e indescriptiblemente deshabitado, pero habitante de ingentes montañas y cuevas en las montañas; muerto y redimido, —pues vivo y sollozo—, con lágrimas en los ojos, pensó en ti, sintió de ti, lloró de ti, vivió en y de ti, un instante, una ...


una noche blanca.


3 de septiembre de 2021



«Las Noches Blancas», fotografía + filtro 'film'

Canon EOS Rebel T3i, modo manual, velocidad del obturador 1/60 seg., apertura f/16, ISO 800, 27mm, tomada a las 09:56am.


El título de la fotografía se inspira en la novela «Noches Blancas», de Fiódor Mijáilovich Dostoyevski, una de las historias que más ha marcado mi vida.


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I'm Adolfo Escamilla, founder. writer and photographer in OW&B. My main mission in this blog is to share my soul in the hope of saving my own life, and in the hope of shedding light into the lives of others.

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